La cultura en el mundo virtual

Un debate inaplazable

Últimamente, se está hablando mucho sobre el uso y abuso de los dispositivos móviles. Es una evidencia de que los móviles y tabletas son omnipresentes en nuestras vidas y que tras el deslumbramiento que supusieron estos artilugios, las redes sociales y las múltiples aplicaciones que existen, ahora empezamos a ver los problemas que conllevan. El mundo de la cultura no es ajeno a esta problemática y la sensación es que hablamos demasiado poco de ella.

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El dilema de los programadores culturales

El mundo virtual ha cambiado por completo nuestras formas de relación y según apuntan varios estudios, también han alterado nuestra capacidad de atención y comprensión. Las constantes alertas y el fuerte comportamiento adictivo de estos dispositivos aumentan la dificultad de ver películas de larga duración, de realizar lecturas profundizadas de textos largos o de centrarnos en espectáculos largos y con cierta densidad textual o semiótica. Es en este punto nace el dilema de los programadores culturales, los cuales nos vemos con la dicotomía de adaptar contenidos a esta nueva realidad o, por lo contrario, tenemos que ofrecer contenidos en contra de esta cultura de la inmediatez y el constante scroll a la cual estamos sometidos.

Es evidente que nuestras programaciones deberían ser un contrapunto a los paradigmas que pregonan las tecnológicas. Deberían ser actividades y contenidos donde la reflexión, la atención, la profundidad argumentativa fueran predominantes y que los corsés de duración, simplicidad o inmediatez no supusieran un impedimento a la hora de ofrecer contenidos arriesgados y que reclaman de un papel activo del espectador. Por otro lado, si seguimos este ideal, podríamos encontrarnos que los equipamientos fuesen percibidos como lugares elitistas desconectados de los hábitos generales y este hecho podría conllevar que la pérdida de públicos fuera importante.

Ahora mismo, mucha gente joven ya no siente muchas de las programaciones como propias. Por tanto, convertirse en el contrapunto a las nuevas formas de consumo que han acabado siendo imperantes puede ir en contra de uno de los principales preceptos que debe cumplir un programador, que no es otro que el tratamiento de públicos y la difusión de la cultura en máximo número de personas posible.

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Muchos aspectos a debatir

Es un tiempo de cambio, una nueva etapa, y deberemos replantearnos cómo debería ser el formato de nuestras actividades, cuál es la mejor manera de acercarnos al público y sobre todo cuál es la mejor manera de hacerlo sin traicionar lo esencial que cualquier manifestación artística o cultural debe aportar a los usuarios que participan de ella. Es momento de saber cómo alternamos la virtualidad con la presencialidad en nuestras programaciones, pensar qué contenidos aportamos a las redes sociales, qué finalidad tiene nuestra presencia en la red, qué oportunidades nos ofrece el mundo virtual y estar atentos al peligro de vulgarizar nuestros contenidos.

Debemos seguir estimulando el pensamiento profundizado, la calma, la concentración y el disfrute, en un mundo turbo capitalista en el que la cultura ha sido relegada a una rareza inútil, un simple entretenimiento o uno más de los muchos ámbitos que alimentan de contenidos las plataformas. Este es otro debate urgente que no podemos aplazar, porque como con tantas cosas en la vida, si no decidimos qué hacer, será la inercia quien lo haga por nosotros.

Jordi Dorca
Programador y responsable de comunicación del Museo del Cine de Girona.
Miembro del consejo de redacción de Revista de Girona.

@jdorcacosta

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